:. UNA RED DE TEXTOS .:

Decíamos que leer es una búsqueda y que no solo los textos
“consagrados” forman lectores. En realidad, todo lector está atravesado por
diferentes textos (entendemos texto en un sentido amplio: como texto de la
cultura, como organización de signos que construyen sentidos) que habilitan
nuevos caminos y preparan otras lecturas.
Laura Devetach (2003) afirma que no hay lectores sin caminos, que
todos los lectores (aún aquellos que se consideran “no lectores” o “poco
lectores”) tienen una serie de textos internos que constituyen disponibilidades
abiertas, puntos de partida y de llegada que permiten ir armando nuevos
recorridos. Como una provocación para que recuperemos y reconozcamos
nuestros propios textos internos, la autora ofrece un pedacito de su propia
textoteca2.  Escuchémosla mientras oímos resonar muy dentro de nosotros otros textos que dialogan con los que ella teje:

Había una vez el van y el ven, el va y el ven, el vaivén, de un arrorró mi
niño, arrorró mi sol, arrorró pedazo de mi corazón. Duerme, duerme
negrito, que tu mama está en el campo, trabajando, duramente
trabajando. Ay que viene el coco a comerse a los niños que duermen
poco. Noni, noni, noni, mm, mm, mm. Scht, scht, scht…
Un día el arrorró mi niño hizo tortita de manteca, para mamá que le
da la teta, tortita de cebada, para papá que no le da nada. Y entonces
éste cazó un pajarito, este lo desplumó y éste pícaro se lo comió.
Y siempre el tilín tilín, el chas, el broom, el guau, el pío, el cocó, el
tolón, el ¿qué?... Eto, eto ¡cá tá!. Y entonces vino un gato que tenía
calzón de trapo y la cabeza al revés. ¿Querés que te lo cuente otra
vez? No me digas sí porque los zapatitos me aprietan, las medias me
dan calor, y aquel mocito de enfrente me tiene loca de amor. No me
digas no porque a Juancito de Juan Moreyra hay que darle la
escupidera, que anoche comió una pera y le vino una cursiadera. Todo
porque Cenicienta quería ir al baile del príncipe y la madrastra no la
dejaba. Mientras tanto, Blancanieves vivía en el bosque con sus siete
enanos.
Y siempre, el chunga chunga, el crack, el ring, el blablablá. Y
diostesalveMaría… ElfrutodetuvientreJesús. (¿Qué es tesalve? ¿Qué
es tuvientreJesús?)
Y entonces, un día, ala, a la, a l a, a la, ala.
Alas para la gallina turuleca que sentada en el verde limón, con el
pico cortaba la rama, con la rama cortaba la flor. Pero cuando los cinco
patitos se fueron a bañar, escucharon: febo asoma sordos ruidos oír se dejan tras los muros del histórico convento (¿Qué ruidos hacen los sordos detrás de los muros?).
Bum burumbum, pam papam, viene la murga. Yo por vos me rompo
todo, y te vengo a saludar y a decirte que el gobierno de hambre nos
va a matar. Bum burumbum, pam papam. Mamá eu quero, mamá eu
quero, mamá.
¿Qué gusto tiene la sal? –preguntó Hansel y Gretel con la boca llena
de casita de chocolate.
-¡Salado! –contestó Pinocho mientras se tiraba al mar desde la boca
de la ballena, llevándose a Gepetto al hombro.
La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?, los suspiros se
escapan de su boca de fresa.
-Este año, sin regalo no va a parecernos que estamos en Navidad –
dijo Jo con disgusto.
A mí no me parece justo que algunas tengan tantas cosas bonitas
mientras que otras no tenemos nada –añadió Amy.
- Tenemos a mamá y a papá y nos tenemos las unas a las otras –dijo
Beth.
- ¡Esta familia es una cooperativa! –comentó Mafalda mientras
Susanita declaraba que las casas tienen que ser como las del hornero
que tiene sala y tiene alcoba y aunque en ella no hay escoba, limpia
está con todo esmero.
Pero: Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón sin ver que
sois la ocasión de lo mismo que culpáis. Todo de angaú nomás. Por
eso Malena tiene pena de bandoneón: todos los viernes el amado se
convierte el lobizón. Se non é vero, é ben trovato.
Y así fue como la luna vino a la fragua con su polizón de nardos. Los
flamencos bailaban y bailaban con sus medias coloradas, blancas y
negras. Y despertaron a Alicia que venía del país de las maravillas, y
allí estaba Batman, esperándola.
- Bésame –cantó. Bésame mucho, como si fuera esta noche, la última
vez. Se callaron las luces, se encendieron los grillos y una música los
abrazó. Era Lisa Simpson en un solo de saxo.
Y colorín colorado, seguramente este cuento no ha terminado.

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